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Desde el inicio de los tiempos hemos contado con puntos de encuentro que nos permiten la convivencia con otros, la práctica de rituales y saberes. En cada ciudad vemos vestigios y evidencias de cómo se ha mantenido esta tradición a través de la historia de la humanidad: lo vemos en las plazas, en las iglesias, y también parte de esto son los centros culturales.

Si bien hablamos de organismos o instituciones que pueden ser públicas o privadas, desde los municipios o desde la comunidad, estos espacios son gestionados siempre desde y para la comunidad, buscando reunir a grandes y pequeños y dar cabida a la diversidad de intereses que se encuentran en la ciudadanía.

La creación, levantamiento y mantenimiento de los centros culturales es necesario. Proveen de un espacio de educación, de entretención, construcción de identidad y memoria. Algo que es necesario para todo ser humano.

Si bien muchos de estos espacios se han dado de forma orgánica y/o autogestionada, a través de los años se han ido promoviendo más financiamiento para políticas públicas que tengan un impacto en la cultura, en especial en potenciar infraestructura para visibilizar, entre otras cosas.

El auge del valor de la cultura como parte de nuestro Producto Interno Bruto es uno de los puntapié que da paso a temas actuales, como lo son las industrias culturales, y el buscar mayor impulso y colaboración en los mismos. Así lo señala, por ejemplo, Isabel Duque Franco en su estudio “La cultura como estrategia de transformación y promoción urbana en Bogotá y Medellín”:

“Durante las últimas dos décadas, en la mayoría de ciudades del mundo, se han venido desarrollando diversos planes, proyectos y políticas urbanas que utilizan la cultura como principal estrategia (UN-Habitat, 2004). Ya sea mediante la preservación de centros históricos, la reconversión de infraestructura obsoleta en equipamientos culturales, el cuidadoso diseño de espacios públicos o la promoción de industrias culturales; cada vez se hace más evidente el esfuerzo de los gobiernos urbanos por apelar a la cultura como recurso a la hora de identificar los aspectos diferenciales de las ciudades, sus ventajas comparativas y su singularidad, lo que las ha llevado a rescatar lugares simbólicos y representativos o simplemente a inventarlos. En definitiva, la cultura se ha instalado en la agenda urbana y cada vez son más las políticas orientadas hacia la construcción de una imagen de ciudad basada en la cultura, el ocio y el turismo como claves de diferenciación y competitividad (Evans, 2003; Bayliss, 2004; 2007; Manito, 2006; 2011).”

En Chile la crítica constante es hacia la falta de recursos de estos espacios, muchos de ellos dependientes de la autogestión y levantamiento de recursos públicos. Sin embargo, contamos con una cantidad de oportunidades que no se da en muchos países de Latinoamérica, lo que genera una posibilidad para artistas y también para la ciudadanía.

El contacto constante con estos espacios, que sean una especie de “plaza pública” donde convergen creativos y audiencias tiene un valor agregado sin igual que, como mencionábamos, fortalece nuestra identidad y también estimula a distintos públicos.

Es necesario seguir cultivando, potenciando y dando a conocer estos espacios. Relacionarnos con el centro cultural vecinal o municipal y ver lo que está sucediendo: hay una economía circular y un patrimonio inmaterial insuperable en ello.

Es por eso que en Brands 4 Change queremos poner en alto este valor y ponernos al servicio de quienes quieran colaborar. Si quieres saber más, escríbenos a contacto@brands4change.org